La carrera por la inteligencia artificial también se está convirtiendo en una carrera por la energía
Google anunció una de sus apuestas de infraestructura más grandes en Europa: invertirá al menos 13.000 millones de euros, equivalentes a aproximadamente 15.100 millones de dólares, en infraestructura vinculada con inteligencia artificial en Finlandia durante los próximos dos años. La operación muestra una realidad que a veces queda escondida detrás de aplicaciones como Gemini: desarrollar y ejecutar IA a gran escala requiere enormes centros de datos, redes eléctricas robustas y una cantidad considerable de energía.
Según Reuters, el plan contempla tres nuevos centros de datos en el norte de Finlandia. La elección del país no es casual. Las bajas temperaturas pueden ayudar a reducir parte de la energía necesaria para refrigerar servidores, mientras que la estabilidad de la red eléctrica nórdica ofrece condiciones atractivas para instalaciones que deben funcionar las 24 horas.
Google también comprará energía de una planta nuclear
La parte más llamativa del anuncio es un acuerdo de suministro eléctrico a largo plazo con la compañía finlandesa Fortum. Google acordó comprar durante 22 años hasta el 50 % de la producción de una de las plantas nucleares del país. Reuters señala que se trata del primer acuerdo de energía nuclear de Google fuera de Estados Unidos.
Este detalle permite entender el tamaño del desafío energético que acompaña al auge de la IA. Entrenar modelos, almacenar datos y responder millones de solicitudes exige capacidad de cómputo que a su vez consume electricidad. Por esa razón, las grandes tecnológicas están buscando fuentes capaces de proporcionar energía estable durante largos periodos.
La energía nuclear vuelve a aparecer en la conversación tecnológica precisamente por esa característica: puede generar grandes cantidades de electricidad con bajas emisiones directas de carbono y sin depender de que haya sol o viento en un momento determinado. Eso no elimina los debates sobre costos, residuos, seguridad y construcción, pero explica por qué las empresas de centros de datos están prestándole nuevamente atención.
Gemini, Search, Maps y YouTube dependen de esta infraestructura
Google indicó que las inversiones ayudarán a sostener servicios como Gemini, el buscador, Maps y YouTube. Aunque para el usuario estas plataformas parecen productos completamente digitales, detrás existe una infraestructura física enorme compuesta por servidores, almacenamiento, redes de fibra, sistemas de refrigeración, baterías y conexiones eléctricas.
La inteligencia artificial ha incrementado esa demanda. Una consulta compleja a un modelo generativo puede requerir operaciones computacionales muy diferentes a las de una búsqueda web tradicional. Multiplicado por cientos de millones de usuarios, el impacto sobre la infraestructura es considerable.
Finlandia se convierte en un punto estratégico
El clima frío del norte de Europa ofrece ventajas para refrigerar centros de datos. En lugar de depender exclusivamente de sistemas intensivos de enfriamiento, las compañías pueden aprovechar condiciones ambientales durante una parte importante del año. A esto se suma una red eléctrica estable y disponibilidad de generación de bajas emisiones.
Reuters informa que el proyecto podría aportar alrededor de 3.600 millones de euros al producto interno bruto de Finlandia durante la fase de construcción y apoyar aproximadamente 7.000 empleos anuales una vez que las instalaciones estén operativas. El Gobierno finlandés ha defendido el proyecto y sostiene que existe capacidad eléctrica suficiente.
La IA ya no se mide solamente por quién tiene el mejor modelo
Durante los primeros años de la explosión de la IA generativa, gran parte de la conversación se concentró en comparar modelos: cuál respondía mejor, cuál programaba mejor o cuál generaba mejores imágenes. Ahora aparece una segunda competencia igualmente importante: quién tiene suficientes chips, centros de datos y energía para operar esos modelos a escala mundial.
Esto ayuda a explicar las inversiones multimillonarias de Google y otras compañías. Un modelo avanzado que no puede atender rápidamente a millones de usuarios tiene un valor comercial limitado. La infraestructura se convierte, por tanto, en una ventaja competitiva.
¿Por qué debería importarle esto al usuario común?
Porque estas inversiones terminan influyendo en la velocidad, disponibilidad y costo de los servicios de inteligencia artificial. También pueden determinar qué países reciben nuevas regiones de nube, dónde se almacenan determinados datos y qué tan rápido pueden crecer productos que incorporan IA.
Al mismo tiempo, la expansión plantea preguntas importantes. Las comunidades quieren saber cuánta energía y agua utilizarán los centros de datos, qué empleos crearán y cómo afectarán las redes eléctricas locales. Los gobiernos, por su parte, buscan atraer inversión sin comprometer el suministro para hogares e industrias.
Una señal de lo que viene
El acuerdo de Google en Finlandia probablemente no será un caso aislado. A medida que los modelos sean más capaces y los agentes de IA realicen tareas más complejas, la demanda de cómputo seguirá creciendo. Esto obligará a las compañías tecnológicas a pensar simultáneamente como empresas de software y como grandes operadores de infraestructura.
La noticia también rompe una idea frecuente: que la inteligencia artificial vive únicamente “en la nube”. La nube, en realidad, son instalaciones físicas gigantescas. Y para que una respuesta aparezca en segundos en nuestro celular, detrás debe existir una cadena completa de centros de datos, procesadores, redes y electricidad.
Fuente: Reuters, información publicada el 9 de septiembre de 2026.

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